7 oct 2018

Hoy es el día siguiente de nuestra clase mensual. Todavía me acarician las voces y los gestos que ayer tuvieron cabida en nuestro encuentro experiencial con la creatividad  y su desarrollo.
Somos muy diferentes las personas cuando vivimos en el impulso de la realización.
Tan iguales y tan diferentes quiero decir. Iguales porque partimos de una misma raíz, diferentes porque cada tallo del gran árbol somos una de nosotras.
La savia que corre por nuestras venas nos une y la visión personal, nos individualiza.
Me gusta mucho esta magia al apoyar el trabajo y su desarrollo expresivo.
Yo tan solo trato de saber qué mueve a hacer una cosa u otra. Solo me toca facilitar, valorando con criterio y respeto lo que en el taller ocurre.
Ayer estuvimos enfrascadas con la arcilla.
Me siento como si los trabajos de mis alumnas y ellas mismas fueran un poco yo, o mejor dicho siento que soy un poco ellas. 

Cómo transcribir a papel una idea en mi mente, cómo materializarla con barro...es ahí donde la síntesis y la reflexión para conseguirla me ganan y me absorben. Me atrapan y me transforman.





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